Pateando la calle II. Olores de mi ciudad

Esos encuentros con perros y zombies me habían dejaron algo preocupado. Y aunque todavía tenía un nudo en el pecho y sentía que mis manos temblaban en reposo, no dejé que ese estado permaneciera en mi. No podemos evitar que los estados de ánimo emerjan ante alguna situación, pero si podemos evitar que permanezcan. Y eso es lo que hice. Levanté la cabeza, saqué pecho, cambié de hombro la mochila en actitud desafiante y continué mi camino. Estaba dispuesto a enfrentar lo que venga.

Con el acontecimiento vivido me olvidé (por un rato) del frío que hacía. Sentí el viento gélido en mi rostro e inmediatamente me puse la capucha de la campera. Si bien el frío era intenso a esas horas de la mañana, mi cuerpo lo recepcionó con agrado. No hay nada mejor que el frío para sentir como la naturaleza está siempre presente.

Poco antes de llegar a la parada de micro sentí un aroma que me llenó de recuerdos. Ese olor a pan recién horneado, me dada la pauta que había una panadería cerca. Recuerdos de infancia. Recuerdos con aroma a levadura, pan, facturas, churros y berlinesas. Recuerdos que me transportaron a aquella pequeña panadería “Lo de Cacho”, a la vuelta de mi casa, y paso obligado en mi camino matinal y frío hacia el colegio. Donde casi siempre me llevaba una berlinesa. Y, si no había, entonces un churro con abundante dulce de leche estaba bien.

Estos recuerdos llenos de aromas y sensaciones me hicieron pensar que el paso del tiempo no había logrado cambiar algunas cosas. Seguramente algunas quedaron en el tintero de la memoria y otras fueron transformadas con el correr del tiempo. Ya sea por necesidad o por defensa. Pero ese olor era el mismo, aunque el camino era distinto.

Me quedé pensando, hasta que punto tener memoria es bueno. El olvido es bueno para lograr un cambio; y que, a partir de ese cambio puedan crecer buenas nuevas. Era eso lo que estaba haciendo. Tomar un camino nuevo. Pero lejos de lo que imaginaba, me reencontré con olores y sensaciones intensamente históricas. Que en algún momento de mi vida fueron cubiertos por aromas de Mc Donald y Starbucks; y temperaturas climatizadas digitalmente. Creo que los olores y sensaciones se fueron globalizando, aunque en este caso la infancia hace pesar lo histórico.

Y otra vez “el mitote”. Un combate de ideas y sensaciones se ponían en juego en mi cabeza.

Hasta que por fin se aclararon mis ideas.

– Cacho! Hola! Una “bola de fraile” con dulce. Porfa…

Continuará…

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