Diego. El nadador que quería jugar al básquetbol. (Historia de un caso que se repite)

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Diego es un niño de 11 años de edad, el mayor de tres hermanos. Él nació con Síndrome de Down y desde bebé la familia lo apoya en su estimulación y terapia. Ahora se encuentra estudiando en dos escuelas. En aquella que llaman especial y en aquella otra que llaman común. En esta última (donde tiene una inclusión parcial) se siente mejor porque se encuentra acompañado de los amigos del barrio.

Diego es un niño muy sociable, con ciertos cambios de humor cuando se encuentra cansado. A veces se pone caprichoso cuando no obtiene lo quiere o cuando la persona de quien recibe afecto se encuentra con otro.

Él ha sufrido una operación sobre una malformación cardiaca, la cual le dejó una operación ancha y vertical en el centro de su pecho. Según los diagnósticos médicos no hay riesgos cardiorrespiratorios mientras cuide su sobrepeso y no realice actividades físicas de elevada intensidad. A pesar de ello el juega brusca mente con sus compañeros durante el recreo.

Un día la madre,viendo que Diego se encontraba cansado y aburrido de tantas prácticas terapéuticas, así como también pensando que el niño debía canalizar tanta energía, decide llevarlo a realizar algún deporte.

El niño cuya identificación en ese momento era con Emanuele Ginobilli, decide que su deporte favorito era el Básquetbol. A la semana, y luego de lograr ponerse de acuerdo con su esposo, la madre de Diego acude a anotar a su hijo a la escuela de basquetbol del club, pero la sorpresa fue grande cuando le informaron que para el niño solo tenían natación terapéutica y recreación los sábados. La madre lejos de poder convencer a su hijo sobre la estrecha oferta deportiva para niños con sus características vuelve a su casa ofuscada y pensando en la posibilidad de ir ella sola a hablar con algún responsable de las actividades del club.

Ante dicha situación inicial cabe la siguiente pregunta: ¿Para que un niño con Síndrome de Down aprenda a jugar al basquetbol es necesario realizar un grupo de alumnos con ese síndrome o con discapacidad mental? Dentro de la oferta programada por ese y otros clubes se encuentra incluida la disciplina del basquetbol, pero los sujetos como Diego no logran acceder a ella. Diego ni siquiera pasó el ingreso, y eso solo puede ser entendido desde el otro, desde una sociedad que segrega bajo dos mecanismos muy distintos:

A la noche,durante la cena, la madre de Diego pone a consideración de la familia lo sucedido por la tarde. Luego de un debate sobre el tema donde Diego, vestido con su camiseta de  Ginobili, escuchaba atentamente la conversación de sus padres mientras volvía a tomar la pelota de básquetbol que había dejado en el suelo solo con el fin de alimentarse. Era otro claro ejemplo de lo que quería.La pelota y camiseta comenzaban a formar parte de su vida.

El padre planteaba la necesidad que el niño juegue a su deporte favorito en un grupo de alumnos con discapacidad mental, aludiendo que se sentirá mejor socialmente en un grupo de pares. Al mismo tiempo que profesor-entrenador estará capacitado para enseñar al ritmo de su aprendizaje. Por otro lado la madre exigía que sea incluido en un grupo de niños que estén aprendiendo a jugar básquetbol. Justificaba su punto de vista en el hecho que Diego, si bien tenía síndrome de Down, no tenía problemas de relación social, al mismo tiempo que su nivel de desarrollo psicomotriz le permitía un aprendizaje (si bien más lento) inicial de técnicas deportivas. Comprende las consignas con algunos refuerzos pero tiene una perseverancia en la tarea como pocos.

¿Nuestra representación social (mental y compartida) nos deja visualizar y comprender que un niño con discapacidad pueda jugar placenteramente? Más aún ¿Nos atrevemos a observarlo jugando con sus pares sin discapacidad?

Nuestra sociedad pluralista no reconoce que en su esencia es plural, rechazando por temor o desconocimiento toda evidencia notable que nos acerque a esa realidad. Generalmente pretendemos que nuestra mirada a nivel nos devuelva una imagen similar a la de nuestros intereses y gustos. Procuramos tener al lado a un semejante en habilidades, capacidades, valores y actitudes. Y sino es así, entonces la mirada será otra. Una especie de mirada en soslayo o descendente; una mirada diferente para el otro diferente. De esta manera la sociedad viene forzando una sinonimia entre diferencia y desventaja. Donde se genera entre sus miembros una cierta anuencia para el atropello y la dependencia de unos sobre otros.

Esta estigmatización del otro diferente tiene consecuencias negativas en la participación social como ciudadanos legítimos de una comunidad. La restricción en el ingreso o la permanencia a los espacios urbanos (públicos y privados), y la negación o sectorización de las prácticas sociales que se realizan en dichos espacios intensifican la desigualdad de sectores. Desde la problemática de la discapacidad estaríamos frente a un incremento de la minusvalía[3]

Pero,¿Dónde se encuentran los obstáculos que limitan la inclusión de la persona con discapacidad en las prácticas convencionales? ¿Son obstáculos de orden orgánico o social o de competencia?¿Quiénes determinan las normativas de ingreso a las actividades y practicas de nuestra sociedad?                                               

Muchas veces los niños, adolescentes y adultos con disCAPACIDAD caen en el olvido, marginándolos de los espacios y tareas del común de los ciudadanos.

  1. La estigmatización por las abominables del cuerpo [1].
  2. Los procesos mentales fosilizados. Un Habitus [2]que en su estructura no encuentra lugar para el diferente.

[1]Goffman, E. (1968). “Estigma. La identidad deteriorada “.

[2] Término utilizado por Bourdieu, P. (1980) en Sociología y cultura. Capitulo “Una ciencia que incomoda”.

[3] El término minusvalía lo encontramos en: CIDDM – 2 . Clasificación funcional, del funcionamiento de la discapacidad y de la salud (2001). Borrador final hecho por el Grupo de clasificación, encuesta y terminología de la Organización Mundial de la Salud.Ginebra, Suiza. La OMS comienza a partir del 2001 a elaborar un documento que habla de la CIF, variando la clasificación a niveles de funcionamiento.

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